Mi camino

Yo tenía una carrera, una casa y una familia, pero no era feliz.

Era becaria de la Universidad de Buenos Aires, un empleo que muchos colegas envidiaban (no era fácil que te pagaran por hacer investigación en aquella época), tenía un marido que era el “amigo de todos” y dos hijas preciosas. Vivía en un pueblito de ensueño en la montaña, donde había elegido vivir.

Pero eso era la superficie.

Trabajar en un ambiente plagado de intrigas y luchas de egos me había dejado el alma partida. Los estrictos estándares de “cómo debía hacer mi trabajo” me impedían -a fuerza de las críticas de mis colegas y estricta censura de los evaluadores- expresar lo que mi sensibilidad ansiaba: compartir con la gente del pueblo sus ceremonias y vivencias, aprender con humildad lo que los libros no enseñan, recuperar lo humano esencial, mas allá de teorías y modelos científicos

Mientras tanto, mi casa era un volcán a punto de estallar. Mi relación de pareja era una especie de asociación ilícita entre dos personas insatisfechas, consumidas por sus heridas no resueltas de la infancia y la falta de dirección. Como no sabíamos quienes éramos en realidad, tratábamos de parecernos a lo que nos habían enseñado que eran las parejas normales, y en ese intento, nos destruíamos mutuamente. 

Yo tapaba con risas, encuentros fugaces y situaciones de riesgo el dolor que sentía; hasta que en 1998 estalló todo. Me enfermé gravemente, me quedé sin trabajo y -una noche-, la violencia en mi hogar me estranguló con furia,  dejándome al borde de la muerte.

No lo sabía entonces, pero el Universo se estaba encargando de limpiar mi realidad de todo lo que me impedía ser yo misma y entregar a mi comunidad aquello que era lo mío.

Cuando pasó el terremoto tuve que empezar de cero.

Sola con mis hijas, habiendo perdido mi casa en la traumática separación, viviendo de prestado en una casilla de chapa, haciendo changas de tipeo y habiendo perdido todo lo material, incluyendo las fotos de mi pasado, me encontré diciéndome:

“Esto es lo mejor que me pudo pasar”

Porque cuando se cierran todas las puertas, solo queda dar el salto por la ventana.

Porque liberada de todo lo que no me representaba pude sincerarme conmigo y dar ese paso hacia lo que si era mi llamado. Un paso que (aunque en ese momento no lo sabía) me iba a ubicar en mi lugar auténtico en la comunidad, en donde realmente puedo ayudar, en donde realmente mis talentos pueden servir: no investigando las culturas ancestrales, sino recordando la sabiduría ancestral que cada ser lleva en su interior y compartiéndola abiertamente con todos, para crear un mundo mejor. 

Fue difícil? Claro. Tuve miedos, vergüenza, sensación de incapacidad para la tarea, mi entorno familiar puso miles de reparos: “¡Cómo una profesional como vos se va a dedicar a estas cosas raras!”, solían decir mis parientes.

Tuve que cambiar creencias, sobreponerme a las dudas, sanar mi corazón, construirme de nuevo.

Fue un salto al vacío? Así parecía al principio, pero no.

Fue un salto hacia la plenitud, hacia la integridad, hacia la salud. Fue un salto a mi naturaleza sagrada.

Y en el camino aprendí que cada persona está en este mundo para ser feliz mientras comparte con la comunidad sus talentos y su esencia auténtica. Nada más, ni nada menos.

Que de nada sirve cumplir con lo que se espera de uno si eso va ahogando a tu alma, y que -hagas lo que hagas para reprimir ese llamado- siempre se termina manifestando, muchas veces -como en mi caso- a través de situaciones no gratas.

Quiero ayudarte a desarrollar el propósito de tu alma en armonía, sin que tengas que llegar a una situación limite para hacerlo.

Ya estuve allí. Se como puedes lograrlo. Y se toda la felicidad que eso va a traer a tu vida y al mundo.

Estoy aquí. Espero tu mensaje. Ojalá muy pronto pueda empezar a guiar tu camino hacia la plenitud.

Flavia Carrión


Como parte de su entrenamiento como comunicadora de Sabiduría Ancestral, Flavia Carrión se formó en Filosofía Nativo Americana y Medicina Natural (Good Medicine Society, Arkansas, USA). Además, ha recibido entrenamiento de parte de maestros de diversas culturas (entre otras: chamanes siberianos, sangoma zulues y yatiris aymara).

Se graduó como antropóloga de la UBA en 1991 y trabajó en investigación y docencia. Entre sus otros estudios, ha aprendido numerosas Técnicas de Sanación Energética (Reiki, Registros Akáshicos, Sanación con Cristales, Sanación con Sonidos, Sanación con Hierbas, Sanación a través de Sueños, etc.) las cuales ha facilitado a pacientes durante 15 años, hasta que en 2014 se retiró de la práctica en consultorio para dedicarse completamente a la enseñanza y difusión. Actualmente dirige la Escuela de Espiritualidad Natural junto a Jaime San Martín.

Desde el año 2001 comparte sus saberes y experiencias a través de talleres, conferencias y charlas abiertas, en Argentina, Uruguay, Chile y España.

Ha publicado los siguientes libros: “Chamanes y Poetas: el camino de la Espiritualidad Natural” (2008), “Descubre la sabiduría de los Animales de Poder” (2013) y “Fuera de mi cabeza! Una guía para liberarnos del parásito mental.” (2015).

A través de su blog y newsletter ha publicado mas de una docena de ebooks de prácticas ancestrales para el desarrollo personal.

Ha conducido varios programas de radio de difusión de temas de Espiritualidad y Naturaleza, recientemente “Todavía Podemos”, junto a Jaime San Martin y Juliana Padilla.

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