Flavia: la niña que no podía hablar

Una Flavia pequeñita, intentando hablar.

Una Flavia pequeñita, intentando hablar.

Aunque no lo parezca, fui una niña con problemas para hablar.

A los 18 meses, no decía una palabra. Tampoco a los 2 años  ni a los 2 y medio. Me llevaron a especialistas de todo tipo, hasta creyeron que podía estar sorda.

A los 3 años empecé a hablar. Sin medias palabras, sin balbucear. Parece que me venía guardando todo lo que había aprendido a decir, escuchando a mis padres y mis abuelos. Probablemente había resuelto no hablar hasta que estuviera segura de lo que decía.

First-Africans-On-Earth-San-peopleSi yo hubiera nacido en una aldea ancestral africana, los ancianos me hubieran observado, para luego decir “esta niña ha venido al mundo para decir algo importante”, porque las dolencias que tenemos en la infancia, son señales de lo que hemos venido a hacer al mundo.

Entonces me habrían asignado una mentora especial –una mujer que fuera experta en comunicar en la tribu, por ejemplo una contadora de historias – para que me enseñara el oficio de comunicar, para que me mostrara los desafíos y me motivara a superarlos.

Pero no vivimos en una aldea africana ancestral, y entonces tuve que hacer un camino mucho mas largo y solitario, en donde las maestras siempre me mandaban al rincón “porque hablaba mucho” y mis profesores criticaban mi forma de escribir. En la facultad mis escritos les parecían demasiado poéticos y ya en el ambiente académico me vi forzada a escribir -en un formato artificial- cosas en las que no creía.

IMG-20190914-WA0019Ahora, a los 55 años, me dedico plenamente a comunicar: escribiendo, enseñando, haciendo videos, dando conferencias. 

Salté. Salté desde un lugar en donde lo que yo tenía para decir y la forma en la que lo decía no tenían cabida, a un ámbito en donde hablar y escribir desde el corazón cuenta. Salté a mi lugar en la tribu.

Tu lugar en la tribu no es un lugar geográfico. Es un lugar existencial donde lo que tienes para dar es valorado 100%. Y donde, además, cada fibra de tu ser vibra en resonancia con todo lo demás: con la tarea cotidiana, los compañeros de ruta, los alumnos, los clientes, el lugar en donde uno vive y la dinámica de vida que uno lleva.

Esa coherencia, se sabe desde la nueva ciencia, es la base de la salud. En todos los planos en donde la salud se expresa: física, mental, emocional, espiritual.

De eso se trata Dar el Salto. No de hacer nada extraordinario o misterioso, sino de ocupar la esfera de vida realmente alineada con quienes somos de verdad.

En esta aldea actual no existe el rol del mentor cuando somos pequeños. Nadie nos observa y dice: esta niña será una sanadora, o una brujita, o una facilitadora de procesos de transformación. Y eso nos hace dar muchas vueltas, tropezones y caídas, para llegar a desarrollar plenamente lo propio.

Dicen mis maestros cherokee que las personas nacemos para ser felices mientras hacemos una contribución significativa al mundo. 

perfil-junioQuiero ser para ti como esas mentoras ancestrales y mostrarte las claves para lograrlo.

¿Empezamos?

Flavia Carrión

fc@flaviacarrion.com.ar

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Además de las sesiones de Mentorazgo, en los próximos días estaré ofreciendo un Seminario Online «Dar el Salto» donde compartiré la herramienta principal que utilizo en mis sesiones: las Matrices de Energía Natural, basadas en la sabiduría de la Naturaleza, para crear la vida que sueñas, trabajando de aquello donde tus talentos puedan brillar y ser valorados 100%

Mas información: http://www.flaviacarrion.com.ar/novedades

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