¿Qué hacer con la ansiedad y el pánico?

The silhouette of a praying woman sitting in a dark tunnel with a light at the end.

En una época sufrí ataques de pánico.

Me había quedado fuera del sistema laboral, me defendía en un juicio de divorcio complicado, mantenía económicamente a mis dos hijas -aun pequeñas- y luchaba contra la catarata de opiniones del entorno acerca de lo que «tenía que hacer».

Me gustaba todo lo holístico, leía todo lo que llegaba a mis manos sobre conciencia y energía, me encantaba compartir con amigos y conocidos los conocimientos de la sabiduría ancestral que  había cosechado a lo largo de mi carrera, pero… ¿dedicarme a eso? Cómo podría? Mis inseguridades y mis propios prejuicios me lo impedían.

Seguía postulandome a trabajos donde me rechazaban de plano o ni siquiera me devolvían las llamadas. Mientras, el dinero de un departamento que había tenido que vender para seguir comiendo se iban agotando sin remedio.

Una mañana, después de lidiar con unas deudas y varias discusiones con mi propio parásito mental; y luego de una semana especialmente desafiante, salí prácticamente corriendo de mi casa, a buscar al Jardín a mi hija menor, pensando que -además de todo lo que estaba pasando- «no era una buena madre».

Cuando llegué a la esquina, me di cuenta de que no podía respirar.

El pecho me parecía hecho de acero. La garganta se me estrangulaba en un nudo. El miedo me inundó totalmente. La mente se me nubló. No podía avanzar. No podía retroceder.

Solo quería volver a mi casa. Desesperadamente.

La calle estaba vacía, pero si hubiera habido alguien probablemente no le hubiera podido pedir ayuda.

Desde entonces, amo las ventanas abiertas...

Desde entonces, amo las ventanas abiertas…

De pronto, desde una ventana abierta, comenzó a aflorar música. Era una canción conocida, de moda. Algo que solía cantar mientras cocinaba, y a lo que nunca le había dado importancia.

Sin prestar atención a los síntomas que seguían asustándome, empecé a cantar. En mi cabeza, primero. Con un hilo de voz, después.

Eso aflojó la presión, y me di cuenta que podía dar un paso. Lo hice. Un pie delante del otro. Seguí el ritmo de la música. Me sabía la canción de memoria, así que seguí repitiéndola en mi interior, una vez, y otra vez. Hice un esfuerzo deliberado en marcar el ritmo de la canción con mis pasos.

La respiración regresó lentamente a la normalidad. Un soplo de aire a la vez. Pensé en el oxígeno como en la vida misma. Vida que de a poco se volvía a abrir paso en un cuerpo, contraído por el terror.

Yo no sabía lo que eran los ataques de pánico. Ese día los conocí.

Fue un largo viaje hasta el jardín de mi hija, pero al llegar supe que había derrotado a un monstruo horrible y que tenía que tomar debida cuenta de lo sucedido.

Hoy, -hace mas de 15 años de ese episodio-, entiendo que hasta que no damos respuesta al llamado del alma, y concretamos el sueño que nos trajo hasta aquí; el cuerpo es capaz de todo para advertirnos que es necesario que hagamos algo al respecto.

limp2En todos estos años, he acompañado a muchas personas en su búsqueda y he comprobado que este fenómeno del pánico, los ataques de ansiedad y pesadillas similares, siguen acosando a quienes habitamos esta sociedad donde se nos hace correr detrás de una zanahoria que ni siquiera nos gusta, y se nos fuerza a negar nuestra auténtica naturaleza.

No estás sola. No estás solo.

En mis páginas y videos, encontrarás innumerables herramientas para desarrollar esa vida plena que mereces.

En este artículo en particular, te brindo unas pautas para que tengas a mano cuando algún fenómeno como la ansiedad te sucede. (Ten en cuenta que siempre es conveniente tener el respaldo de un terapeuta profesional para casos de pánico o ansiedad frecuentes).

Espero que te resulten de utilidad.

Las pautas para el momento del ataque

1. Coloca la atención en tus pies. Afírmalos en el suelo. Siente cada parte de la planta de tus pies. Obsérvalos, diciendo en voz alta «estos son mis pies».

2. Respira concentrándote en el ruido que hace el aire en tu nariz. Es muy importante que prestes atención a las sensaciones de la piel al expandirse o ser tocada por el aire.

3. Siente el contacto de la ropa con tu cuerpo o la silla donde estás sentad@.

4. Concéntrate en los sonidos o los aromas con toda tu atención. Intenta determinar su origen.

5. Recuerda quien eres y lo que estás haciendo. Di tu nombre (en voz alta o con tu pensamiento) y tu propósito. ¿Adonde estabas yendo? ¿Cual era el objetivo de esa actividad?

6. Recuerda tu propósito a escala mayor, por ejemplo, los sueños y proyectos que inspiran tu vida. Formas parte de un movimiento de gente sensible que se está abriendo paso en la maraña de ficciones y presiones del mundo para aportar tu luz al crecimiento. 

7. Lávate las manos y la cara con agua fría. Siente ese contacto con el agua como una oportunidad para reiniciar la computadora interna y seguir adelante.

8. Saborea algo con intención. Toma un te, un café o come una barrita de cereal pero concentrándote en el sabor, absorbiendo su aroma, sintiendo su textura. 

9. Cambia de postura. Endereza tu torso. Estira tus brazos hacia arriba. Imagina que son las ramas de un árbol intentando alcanzar el cielo. Sacude tu cuerpo.

10. Golpea las plantas de tus pies contra el suelo. Nuestros ancestros bailaban danzas basadas en este movimiento. Ellos decían que los conectaba con la Tierra pero que además «despertaba el espíritu de las semillas por brotar». Despierta tu poder personal, tu guerrer@ intern@ con ese movimiento.

11. Frota tus manos una contra otra durante un minuto y luego coloca tus manos cerca de tu cara como aplicando una mascarilla de energía. Respira dentro de esa capa de energía.

13. Piensa en 3 cosas graciosas, absurdas, ridículas. El humor cambia la química del cerebro.

panico 3Una vez que pase el episodio, procura incorporar ciertos hábitos DIARIOS a tu vida para evitar tenerlos en el futuro. Te acerco estos, que me han servido mucho a mí y a las personas que oriento.

Prácticas diarias que reducen la ansiedad

  • Registra tus pensamientos. Vuelca en un papel el contenido de tu mente. Una vez al día, por ejemplo, a la caída del sol. No analices, solo entregate a la tarea de escribirlos tal como los «oyes» en tu mente.
  • Haz algo creativo cada día: cantar, pintar, bailar, tocar un instrumento, hacer un collage. Una tarea por día es suficiente.
  • Conecta con la naturaleza al menos 10 minutos por día. En lo posible coloca tus pies desnudos sobre la tierra. Si no es posible: abraza a un árbol, a tu perro, hunde tus dedos en la tierra de tus macetas, o mira el cielo estrellado con total absorción en el momento.
  • Activa tu poder interior. Busca materiales, recursos, ejercicios, que te despierten tu guerrer@ intern@. Aquí te dejo un pdf que puede servirte. http://www.flaviacarrion.com.ar/espiritualidadnatural/wp-content/uploads/2015/05/PODER_PARA_CONCRETAR_TUS_METAS.pdf 
  • Desarrolla tu medicina personal. Aquello que amas hacer, hazlo. Aunque sea en pequeñas dosis. Si una vez por día te dedicas con pasión a tu proyecto de vida, tu alma comenzará a sanar, aunque solo sea visualizar el sueño ya logrado, hacer un curso de perfeccionamiento en el tema o contarle a alguien cual es ese sueño.
  • Date un regalo de amor cada día. Puede ser un automasaje, un baño relajante, ver una película que te encanta, comer un dulce o cantarle a tu niñ@ interior.
  • Reduce el stress innecesario. Las noticias, las discusiones banales, los chismes, el «darse manija» con otras personas que viven situaciones similares, drenan nuestra energía. Por el contrario, es buena idea armar grupos (de Whatsapp, por ejemplo) donde la consigna sea «solo motivarnos positivamente» y facilitarnos recursos que puedan sernos utiles para crecer.

Y recuerda:

La materia con la que estamos hechos procede de la explosión de estrellas lejanas.

Eres un sol. Y yo CREO EN TI.

felicidadesHasta pronto!

Flavia Carrión


Consultas directas: fc@flaviacarrion.com.ar

 

 

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