Cuando canta la chicharra…

2850291040_226430b7a3_bCuando canta la chicharra, señal de que va a hacer calor“, decía mi abuelita.

En las tardes de verano, yo me escapaba de la siesta obligada y me quedaba mirándola lavar en el piletón.

El aroma a jabón blanco impregnaba el aire y el sonido de la chicharra era la banda de sonido de esas interminables tardes.

Las muñecas no me divertían, así que me escabullía hacia la biblioteca de mi abuelo. Un lugar mágico, lleno de misterios.

El sonido de la chicharra era tan fuerte que se escuchaba desde adentro.

Yo no entendía por que era tan importante que yo no jugara con los libros, esos juguetes de mi abuelo tan raros y secretos.

Yo los ojeaba, y a veces encontraba cosas interesantes. No sabía leer pero me hipnotizaban las imágenes y la palabra escrita me invitaba a aprender a leer pronto, pronto, y así poder hundirme en esos mundos y esas sabidurías.

Pasó cierto tiempo hasta que -con fósforos- mi abuelo me enseñó a distinguir la A de la B y cierto tiempo mas hasta que pude leer de corrido esos libros.

La chicharra cantó todos esos veranos, acompañando mis descubrimientos.

0c708ec4158126089cd30b82b8a53ef7Novelas de aventuras, ensayos de filosofía universal, revistas de vanguardia artística; uno tras otro, siesta tras siesta, páginas que me envolvían en el ensueño de que la vida tenía para mí un destino singular: el de escribir. Igual que estos personajes magnánimos, invisibles, los autores de estos libros.

Únicos compañeritos de juego en estos veranos de los ´70, época en las que las abuelas no nos dejaban salir a la calle porque “había tiros” y “los gitanos se llevaban a los chicos”.

Y ahora es verano de nuevo, y acabo de terminar de escribir algo que me importa mucho, un libro muy querido.

Hace años que escribir es parte de mi cotidiano y aunque nunca llegué a la altura de esos monstruos geniales que yo leía en las siestas de chicharra, se que algún día, en un lejano futuro, un niño pequeño abrirá alguno de mis libros y soñará mundos mejores.

Hoy, corrigiendo los últimos puntos y comas, me di cuenta de cuan fuerte estaba cantando la chicharra. De pronto descubrí que estaba en el túnel del tiempo y ese sonido me llevó de regreso y sin escalas a esas tardes en la biblioteca del abuelo.

Recién entonces pude entender cuan medicinal que es ese sonido para mi. Y quizás lo sea para aquel niño del futuro, ¿quien sabe?

Es esto, exactamente esto, lo que quisieron decirnos los antiguos, cuando nos hablaron del espíritu animal , de su poder medicinal. 

Las pequeñas chicharras que cantaban en mi infancia ya no están. Las del futuro, aun no nacieron. Y sin embargo, son las mismas, porque en el coro de chicharras vibra un mismo ser, cantando una misma canción, sin tiempo.

Ojalá los humanos algún día podamos recuperar esta forma de sentirnos a nosotros mismos. Como un solo ser, como una sola voz. Como un solo latido, sin tiempo.

Seguramente las chicharras estarán ahí para anunciar la llegada de una nueva Humanidad.

Flavia Carrión


Si te interesa saber mas sobre Animales como Maestros y recibir una respuesta personalizada a tus consultas sobre el tema, seguinos en las Transmisiones Animales.

Todos los lunes, a las 20hs. (hora argentina) por el

Canal de Facebook de Flavia Carrión

 

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Cuando canta la chicharra…

  1. Marcela Guinot dijo:

    Bello Flavia!!!!Enriquecedor…no hacen falta tips,es una invitacion a disfrutar de la lectura ,conectarse con una parte nuestra donde cada palabra resuenay elevar la plegaria al Gran Espiritu para que asi sea!Besos!

  2. florencia verlatsky dijo:

    Te voy a decir en qué punto exacto empecé a lagrimear: “Hoy, corrigiendo los últimos puntos y comas, me di cuenta de cuán fuerte estaba cantando la chicharra”. Me parece que tu chicharra ya empezó a cantar para nosotros, tus lectores.

  3. Anna dijo:

    Qué hermoso!
    Yo tmbién en verano oía siempre las chicharras.Las tenía asociadas al cuento de la chicharra q pasa el verano cantando y bailando y la hormiga q almacena comida xa el invierno..y me caía mucho mejor la chicharra
    Pues justo hace pocos días escuchando una canción que habla de la rutina gris y de querer un tiempo sin tiempo me he dado cuenta de q las actividades a las q más me dedico y me llenan tienen todas que ver con entrar en un “tiempo sin tiempo”.Y leyendo tu texto m he acordado de ese cuento y de q me gustaba la cigarra…Quizá en estos días las cigarras de suempre han venido a recordarnos algo?!
    un abrazo ♡

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>